viernes, 29 de mayo de 2009

Estoy enamorada de mi bebé y lo grito a los cuatro vientos.
Desde el primer instante que lo ví me enamoró y cada día que pasa lo quiero más y más (si cabe).
Me acuerdo de nuestro primer instante, su primer instante en este mundo y todavía me emociono, tan pequeño, tan frágil, tan feo y a la vez el bebé más bonito que jamás he visto (bueno el segundo), todo arrugado y morado, pegajoso pero tan perfecto, tan bonito, su olor me enamoró, sus ojitos mirándome y en ese mismo instante supe que ya nada podría hacer, me había vuelto a enamorar.
Han ido pasando los meses y seguimos ahí, cual adolescente enamorada, lo huelo, lo miro, lo toco, todo me gusta de él, incluso sus enfados.
Sigue siendo perfecto.
Me encanta su olor, su aliento a yogur, sus besos babosos que me hacen sentir la mujer más afortunada del mundo.
Me encantan sus manos con sus deditos rechonchos, tan perfectos y a la vez tan pequeños.
Me encantan sus pies, comerlos a besos y deshacerlo en cosquillas, hasta su olor a quesito me tiene loca.
Me encantan sus ojos, tan grandes, negros, con tanta vida, verlo mirar las cosas con asombro, queriendo descubrir los misterios de la vida y más me gustan aún cuando me miran desde su teti, sintiéndose protegido, a salvo de todos los males.
Me encanta su pelo, suave, castaño, me gusta tanto acariciarlo, recordar ese momento en el que una sola contracción y seríamos dos.
Me encanta su boca, sus labios perfectos, carnosos y cada vez que sonríe ilumina el mundo, mi mundo.
Me encanta todo él y mi vida sin él (ellos) no tienen ningún sentido.
T'estimo!